RDC: La valentía de la verdad
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- Publicado el Lunes, 06 Febrero 2012 10:23
Mensaje de la Asamblea plenaria extraordinaria de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) a los fieles católicos y al conjunto del pueblo congoleño
Introducción
1. En este comienzo del año 2012, ¡que Dios bendiga y guarde al pueblo congoleño! ¡Que haga resplandecer Su faz sobre él y le otorgue Su gracia! ¡Que Dios le manifieste su bondad y le dé la paz! (cf. Núm. 6, 24-26).
2. Reunidos en Asamblea plenaria extraordinaria en Kinshasa del 9 al 11 de enero de 2012, Nosotros, Cardenales, Arzobispos y Obispos, miembros de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO), hemos analizado, en un trabajo concertado, el informe de observación electoral redactado por nuestra Iglesia. En la oración y en la fe por un futuro feliz para nuestro país dirigimos este mensaje a nuestros fieles y al conjunto del pueblo congoleño para aprender lecciones del proceso electoral en curso.
Logros del proceso electoral
3. Reconocemos la determinación de nuestro pueblo que, el 28 de noviembre de 2011, dio muestras de madurez y de civismo, ya que se acercaron a las urnas una gran cantidad de votantes, a veces en penosas condiciones, para escoger soberanamente a sus gobernantes. Felicitamos a nuestro Gobierno, que ha conseguido financiar en gran medida estas elecciones, lo que demuestra que podemos construir nuestro país si utilizamos para ello todos los medios y la buena voluntad. No podríamos ocultar los esfuerzos realizados por la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) para lograr, desde un punto de vista logístico, el despliegue del material electoral necesario, desafiando muchos retos en nuestro extenso país, cuyas infraestructuras de comunicaciones son defectuosas. También felicitamos a todos los observadores y testigos electorales que han realizado muchos sacrificios para cumplir con su cometido.
Fallos
4. Sin embargo, la forma de tratar el fruto de este trabajo ha decepcionado a más de un congoleño. En nuestro mensaje del 25 de febrero de 2011, titulado Année électorale: Que devons-nous faire? (Hch. 2, 37) (Año electoral: ¿Qué debemos hacer?), deseábamos verdaderamente que estas elecciones se desarrollasen en la transparencia, la verdad y la paz con el objetivo de inscribir a nuestro país en el registro de las naciones respetables y dignas [1]. En el Appel del 3 de diciembre de 2011, la CENCO recordaba que no tenía como objetivo publicar unos resultados que, además, su misión de observación electoral no posee, e invitaba al pueblo congoleño, a los actores políticos y a la CENI a atenerse imperativamente a la verdad de las urnas. En el Ajuste de su Secretaría General, el 8 de diciembre de 2011, la CENCO reveló elementos positivos del proceso electoral pero también denunció irregularidades y deficiencias inquietantes. Siguiendo esta misma lógica, el 12 de diciembre de 2011 se inscribía la Déclaration du Cardinal Arzobispo de Kinshasa que, en vista de dichas irregularidades y deficiencias, denunció la no conformidad con la verdad y la justicia de los resultados provisionales publicados por la CENI.
5. Hoy se deduce del informe final de la misión de observación electoral de la CENCO y de los testimonios recogidos de diferentes diócesis y de otras fuentes que el proceso electoral se desarrolló, en muchos lugares, en un ambiente caótico. Se han señalado varias deficiencias, casos de irregularidades probados y probablemente planificados, numerosos incidentes desafortunados que causaron la muerte de un hombre, confusión y, en algunos lugares, un clima de terror alimentado y explotado a propósito para introducir votos en las urnas de manera fraudulenta. Y eso no es todo. Lo que está pasando actualmente con la compilación de los resultados de las elecciones legislativas es inaceptable. Constituye una vergüenza para nuestro país.
6. Debido a todo esto, consideramos que el proceso electoral ha estado manchado de graves irregularidades que ponen en duda la credibilidad de los resultados publicados. Pedimos a los organizadores que tengan la valentía y la honestidad de extraer las consecuencias que sean necesarias, ya que reconocer sus errores es prueba de grandeza. Pero si nos arriesgamos a seguir gobernando el país para provocar, las tensiones internas más o menos controladas a corto plazo desembocarían, tarde o temprano, en una crisis grave y difícil de resolver. Por lo tanto se recomienda que en una gestión inclusiva, se dé preferencia a la vía del diálogo para mayor interés de la nación congoleña. Es el momento de la valentía de la verdad.
Nuestra misión profética
7. Fieles a nuestra misión de centinelas para el pueblo de Dios (cf. Ez. 3, 17), extraemos de dicho proceso varios desafíos que habrá que superar en el futuro con vistas al advenimiento de un Estado de derecho en la República Democrática del Congo (RDC) y para el bienestar de su población. Al mismo tiempo, no pretendemos ocuparnos de la batalla política para edificar una sociedad lo más justa posible. Tampoco abogamos por ningún partido político. Como recomienda el Papa Benedicto XVI, « la Iglesia no puede ni debe sustituir al Estado, pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia» [2]. Por eso, « en su función profética, cada vez que los pueblos elevan su voz diciéndole: 'Vigía, ¿qué queda de la noche?' (Is. 21,11), la Iglesia desea estar lista para dar razón de la esperanza que lleva en sí (cf. 1 P. 3,15) porque una aurora nueva asoma al horizonte (cf. Ap. 22,5) »[3]. Y nosotros hacemos nuestra esta llamada del Papa Benedicto XVI, « A causa de Cristo, y por fidelidad a su enseñanza de vida, se siente impulsada a estar presente allí donde la humanidad conoce el sufrimiento y a hacerse eco del grito silencioso de los inocentes perseguidos, o de los pueblos cuyos gobernantes hipotecan el presente y el futuro en nombre de intereses personales »[4].
8. A tal efecto, no nos cansaremos de denunciar todo lo que pone en peligro la edificación de un Estado democrático. No se construye un Estado de derecho en una cultura de trampas, mentira y terror, de militarización y de atentado flagrante contra la libertad de expresión. Si la democracia es un poder del pueblo por el pueblo y para el pueblo, debemos respetar a ese pueblo. En el contexto actual, el pueblo herido y frustrado asiste impotente a un proceso que sigue sin reflejar su voluntad y que se parece en algunos sitios a un pacto entre algunos actores políticos.
La paz en la verdad
9. « La Iglesia tiene una misión de verdad que cumplir, una misión irrenunciable, es un servicio prestado a la verdad que libera »[5]. El proceso electoral debería permitir la consolidación de la cultura democrática y la pacificación del país. Queremos la paz. Pero ésta implica unas exigencias a las que no sabríamos faltar, sobre todo la verdad, la justicia y el respeto del pueblo. En nombre de la paz la Iglesia no deja de exhortar a los dirigentes congoleños a la justicia y al amor a la verdad. ¿Y es que, con qué valores estará moldeada nuestra juventud si no se le ofrece día tras día otra cosa que el espectáculo de los antivalores?
Atentado contra la integridad y la dignidad de las personas
10. En este contexto, condenamos la campaña orquestada públicamente contra el Cardenal. Este torrente de afrentas ha chocado tanto a nuestros fieles católicos como a otras personas. Atestigua el nacimiento de un pensamiento único que tiende a amordazar toda opinión contraria. Igualmente condenamos los insultos y las amenazas contra el presidente de la CENCO. Recordamos que el debate de ideas en democracia no autoriza los ataques personales.
11. No podemos callarnos ante estos errores y muchos otros que desaprobamos: amenazas físicas, atentados contra los derechos humanos, secuestros e intimidaciones, confiscación de medios de comunicación públicos por parte de una familia política. A causa de sus opiniones, los Obispos, los eclesiásticos y los apacibles ciudadanos han sido y siguen siendo víctimas de dichas amenazas.
12. Exhortamos a nuestros fieles católicos y al pueblo congoleño en su conjunto a la no violencia ya que la violencia llama a la violencia. Engendra la destrucción y la miseria. En este sentido, pedimos a nuestros compatriotas que viven en el extranjero, con los que compartimos la preocupación por un nuevo Congo, y en los que reconocemos los sacrificios que soportan para venir en ayuda de los que están en el país, que no recurran a la violencia y que encuentren vías pacíficas para aportar su contribución a la construcción de un Congo realmente democrático. Siguiendo el ejemplo de nuestro divino Maestro, debemos responder a la violencia con el amor (cf. Mt. 5, 43-44).
Recomendaciones
13. Recomendamos:
- A todo el Pueblo congoleño, que no ceda al pesimismo, ni a la desesperación, ni a la violencia, ni al tribalismo, ni a la xenofobia sino que se una en torno a los valores cristianos y democráticos de justicia y verdad, que crea en la conciencia de su unidad nacional y de su poder de soberano primario con el objetivo de ejercerlo con cuidado y en la legalidad;
- A los Actores políticos, que den muestras de madurez política, que tengan la capacidad de organizarse para asumir plenamente su responsabilidad; que eleven el debate político poniendo fin a los agravios y las mentiras y preocupándose por la educación cívica de la población y por su bienestar;
- Al Equipo actual de la CENI, que tenga la valentía de cuestionarse, que corrija imperativamente los graves errores criticados que han hecho mella en la confianza de la población en esta institución o sino, que dimita;
- Al Parlamento, que revise urgentemente la composición de la CENI, que ya no cuenta con la confianza de la población, y que incluya la representación de la sociedad civil para conseguir más independencia; que comprenda además que el pueblo no admitirá ninguna tentativa de modificar los artículos bloqueados de la Constitución;
- Al Gobierno, que extraiga lecciones de esta debacle electoral, que tenga previstos los medios para las próximas elecciones y que los ponga en funcionamiento a tiempo para que se desarrollen mejor; que dejen de echar mano del tesoro público para sus intereses personales y que tomen conciencia de que el pueblo quiere un cambio;
- A la Policía Nacional y a las Fuerzas armadas, que den muestra de profesionalidad, que protejan a la población y sobre todo que no obedezcan órdenes injustas;
- A la Corte Suprema de Justicia, que exprese lo que dicen las leyes en conciencia y con independencia en el tratamiento de los contenciosos electorales. Y es que está en juego la credibilidad del Poder judicial en nuestro país;
- A la Comunidad internacional, que dé preferencia al interés del pueblo congoleño, que no sea complaciente, que apoye al pueblo congoleño en su búsqueda de la justicia y la paz y que lo respete en su autodeterminación.
Conclusión
14. Nuestro país atraviesa actualmente un momento de incertidumbre y de angustia. Nuestra fe en Dios y nuestra confianza en el hombre, creado a imagen de Dios, nos convencen de que podemos superar esta incertidumbre y angustia mediante un cambio de corazón, de mentalidad y de prácticas. Es necesario el amor del país, la voluntad de renunciar a intereses egoístas para buscar en el diálogo las vías para construir la paz en la RDC. Pero la paz que queremos es la que tiene su origen en la justicia y el amor a la verdad. Pues la paz de los hombres que se obtiene sin justicia es ilusoria y efímera. La justicia de los hombres que no tiene su origen en la reconciliación a través de la verdad del amor sigue siendo incompleta. Son el amor y la valentía de la verdad los que marcan el camino de la justicia y la paz verdaderas, las que queremos para la RDC.
15. Que la plegaria a la Santísima Virgen María, Reina de la paz y Nuestra Señora del Congo, cuyo corazón está siempre orientado hacia la voluntad de Dios, sostenga cualquier voluntad de transformación, que consolide cualquier iniciativa de reconciliación y de diálogo y que fortalezca cualquier esfuerzo en favor de un Congo que tiene hambre y sed de justicia y de paz.
Kinshasa, 11 de enero de 2012
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